Con trabajos como este, Jorge Oteiza obtuvo el premio de escultura en la IV Bienal de Arte de São Paulo de 1957, consiguiendo cierta influencia en el desarrollo del movimiento neoconcreto brasileño. Las investigaciones en el ámbito de la desocupación de la esfera surgieron a partir del trabajo que el escultor realizó sobre maquetas, denominado Laboratorio experimental. En este, Oteiza afrontó la forma cilíndrica por medio de fragmentos metálicos con los que articulaba dos formas curvas con diferente orientación espacial, las cuales, por su naturaleza, evocaban la idea de movimiento y la posibilidad real de adoptar diversas posiciones. La escultura de Oteiza, según sus propias palabras, planteó «la estatua como organismo puramente espacial». Las desocupaciones de la esfera poseen una complejidad unitaria y serena, sugiriendo un movimiento centrífugo que libera un espacio activo o núcleo, noción que en Oteiza siempre tenía una connotación metafísica.
Carmen Fernández Aparicio
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